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LA IMPORTANCIA NO SÓLO DE UN BUEN CONTRATO SINO DE UNA BUENA ADMINISTRACIÓN DEL MISMO
EL VALOR DE LOS PROPIOS ACTOS
A PROPÓSITO DEL FALLO “SICUREZZA S.A. C/ ACINDAR”

Los “abogados de empresas” hemos destacado hasta el cansancio el valor de un buen contrato. Pensado y redactado para una realidad concreta y lejos de una concepción “commoditizada” de las relaciones jurídicas. Pero, ¿qué ocurre después de la firma cuando los abogados volvemos a nuestros estudios? El contrato sigue su propio curso y la relación jurídica de las partes se ve en su faz dinámica. Aquí ya no sólo es relevante lo que las partes escribieron sino lo que las partes hacen. La conducta posterior es determinante y, en muchos casos, sella la suerte de un reclamo.

Sicurezza formuló un reclamo de daños y perjuicios por una alegada ruptura intempestiva, arbitraria e ilícita de un contrato de suministro. Invocó exclusividad aunque reconoció un período de no exclusividad desde el año 1999 al año 2001.  Ante la aparición de otros productos, baja de ventas, y luego de reclamos por los daños producidos por las modificaciones, Sicurezza da por rescindido el contrato. Acindar, por su parte, negó la exclusividad y destacó que dejó constancia de ello en cada nota de pedido. En Primera Instancia no se consideró probada la exclusividad y se rechazó la demanda. La Cámara confirmó la sentencia de Primera Instancia.

Si bien en el caso no existía un contrato escrito propiamente dicho, sí existían comunicaciones y notas de pedido. Asimismo, tanto en Primera como en Segunda Instancia consideraron determinante el hecho que Sicurezza hubiera participado –voluntariamente- junto con otros proveedores en una licitación privada sin formular objeción alguna.

Cabe aquí resaltar lo dicho por la Cámara (Sala C) afirmándose en el voto del Dr. Anaya en el precedente Inversora Azucarera, en el sentido de que los jueces no están para rescatar a los comerciantes de sus malos negocios, sino para impedir una vulneración de la justicia.

En definitiva, la Cámara consideró que:

  • No se probó la exclusividad: Si bien Acindar era el principal cliente de la actora y le dió instrucciones y requisitos para el suministro de productos, sí se probó el llamado a licitación y la existencia de otros proveedores. Por tal motivo, la Cámara entendió que “En razón de lo expuesto, no puede imputársele a la demandada las consecuencias derivadas de la decisión de la actora de venderle sus productos a una sola empresa.”
  • No hubo una recisión intempestiva e incausada: No se produjo en el expediente prueba de que la demandada fuera quien hubiera decidido la rescisión expresa o tácita. La interrupción del contrato de duración no da lugar a indemnización, sino que “debe existir necesariamente un accionar disvalioso que en este tipo de contratos se manifiesta en la falta de preaviso.” La disminución de pedidos coincide con el llamado a licitación y fue Sicurezza quien rechazó los pedidos que le hiciera Acindar arguyendo que estaba resuelto el vínculo contractual.

Aparentemente estamos aquí no sólo ante un caso en el que la propia conducta del demandante fue determinante, sino que –también- pareciera que existió un problema en el planteo del caso y en la prueba proporcionada, revalidando en consecuencia, la plena vigencia de la frase del maestro Chiovenda: “La carga de la prueba es por cierto una distribución, no del poder de probar -que lo tienen las dos partes- sino una distribución del riesgo de no hacerlo. No supone pues ningún derecho del adversario, sino un imperativo de cada litigante”.

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Para ver el articulo publicado por el Dr. Rafael Pereyra Zorraquin sobre este tema en Abogadosinhouse.com, haz click aquí