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“Las pasadas elecciones del 13 de Agosto: ¿Se vienen grandes cambios para Argentina?”

Artículo publicado para el exterior del país- Agosto de 2017

 

Por Alberto Navarro

El pasado 13 de Agosto los argentinos votamos en elecciones primarias legislativas, cuyo fin –en teoría– fue la elección interna de candidatos que representarán a los partidos políticos en las elecciones parlamentarias nacionales del próximo 22 de Octubre.

Lo cierto es que estas primarias significaron muchísimo más que eso, pues fueron un test para el gobierno del Mauricio Macri a casi dos años de asumir la presidencia. Desde entonces, y cada vez más, el mundo político y empresario del mundo vio con entusiasmo en el nuevo gobierno un cambio de 180° respecto a los últimos 25 años de peronismo populista; ahora faltaba que la opinión pública argentina lo ratificara.

La campaña y el clima previo fueron tensos, particularmente porque es un dato de la realidad que casi todos los gobiernos que en las elecciones de mitad de término perdieron escaños en el parlamento no lograron luego ser reelectos; también lo es que ningún gobierno no peronista pudo completar su mandato en casi cien años.

El gobierno de Mauricio Macri apostó a mucho más que un mayor número de representantes en el Congreso: se juega la consolidación de las importantes reformas llevadas a cabo en este tiempo y las más importantes por venir en los próximos dos años, difíciles de concretar sin una ratificación por el votante medio. Por nuestro lado, los argentinos nos jugamos, por sobre todo, que el Populismo Kircherista –anti republicano y corrupto- se reduzca a una minoría cada vez más insignificante y que el fracturado partido peronista –ida Cristina Kirchner voluntariamente de sus filas- siga en la senda de transformarse en una oposición constructiva, ya sea por madurez política o simple instinto de supervivencia.

En términos generales, el resultado fue favorable al gobierno en todo el país.

El 8/13 mostró así, entre otras cosas, que el joven partido político fundado por el Presidente Macri hacia principios de siglo, Cambiemos, logró por primera vez consolidarse como fuerza nacional, arrasando el viejo statu-quo peronista en casi todo el país.

Puntualmente, el gobierno ganó en las principales provincias del país, desplazando a tradicionales caudillos peronistas.

Con este resultado, Macri mostró una vez más que él no es un ingenuo que vino tan solo a ordenar la economía. Por el contrario, el gobierno le está demostrando al viejo establishment peronista –y al empresario desconfiado- que Cambiemos es una fuerza política con vocación de llevar a Argentina a un estadio republicano e institucional diferente, del cual el país se viene privando hace 80 años. Todo un desafío cultural.

No es un dato menor que la ex presidenta, Cristina Kirchner, solamente haya logrado un empate técnico frente a jóvenes candidatos oficiales en la provincia de Buenos Aires, y ello solamente gracias a la fábrica de pobreza que ella misma fomentó en el super poblado conurbano de la capital, donde muchos votantes, por una razón u otra, no perciben aún de modo tangible los esfuerzos del nuevo gobierno. Es muy probable que la ex presidenta termine perdiendo el 10/22 incluso allí también, dado que muchos votantes de candidatos que quedaron fuera de la contienda electoral de Octubre (una suerte de ballotage), jamás votarían por ella. Si se mide a su facción política a nivel país, su creciente insignificancia implicará casi seguramente que los últimos que le darán una mano serán los propios peronistas.

Ya comienza a ser una posibilidad que Cristina Kirchner enfrente la prisión por cargos de corrupción y hasta por traición a la patria.

Sin dudas que al gobierno de Mauricio Macri le falta mucho por hacer, pues las bombas dejadas por el gobierno de Cristina Kirchner fueron más difíciles de desactivar de lo previsto. Así, cual Huracán Harvey, la experiencia populista dejó al país en Diciembre de 2015 con más de un 30% de pobreza estructural, un déficit fiscal cercano al 8% del GDP (con presión fiscal alta y gasto destinado en gran parte a despilfarro político e innecesarios subsidios luego difíciles de discontinuar), absurdos controles cambiarios, prohibición de acceso a divisas y pagos al exterior y a una feroz distorsión de los precios relativos. Lo mismo cabe decir de la pérdida casi total de reservas financieras; infraestructura decadente; un país sin recursos energéticos, inflación por encima del 40% y un absurdo default de la deuda pública y por tanto un país aislado del mundo y sin acceso a otros créditos que los otorgados por el chavismo venezolano. Y todo eso sin olvidar el empeoramiento en cuanto índice de transparencia, corrupción, narcotráfico y calidad educativa se publicaba en el mundo.

Y la pregunta, no obstante, que muchos de afuera se siguen haciendo es ¿cómo podrá finalmente Argentina entrar en un ciclo de bienestar y crecimiento duradero, propio de países desarrollados, sin falsos exitismos, luego de más de 70 años de sufrir las más variadas formas de populismo, con sus periódicas y graves faltas de respeto a lo acordado en sus contratos con el mundo?

Y si bien la respuesta final está en el largo plazo, es de destacar que toda la pesada herencia descripta ha venido siendo atacada con ahínco por el gobierno como mejor pudo, acertando en lo sustancial y logrando resultados aún modestos pero tangibles. Así, antes de cumplir seis meses el gobierno, a comienzos de 2016 el país ya había salido del default, abandonado los controles cambiarios y regularizado el ingreso y egreso de divisas, reducido –entre otros- impuestos distorsivos a las exportaciones, normalizado el sector agro industrial y el comercio exterior y declarado la guerra a las mafias, logrando encarcelar a conspicuos corruptos asociados al gobierno anterior. Al volver a los mercados financieros internacionales con éxito, hasta logró colocar un bono a cien años, con el significado que ello implica.

Es de notar la hábil y permanente búsqueda de acuerdos con el fragmentado peronismo por parte del gobierno macrista (minoría en el Congreso), permitieron en estos casi dos años la votación de muchas leyes necesarias para el país, tal es el caso de las que permitieron salir del default o un nuevo y moderno régimen de asociación público-privada para necesarias obras de infraestructura.

El clima de tranquilidad y paz social, libertad y creciente institucionalidad no son algo menor de destacar, luego del hartazgo de la sociedad por el shortcut populista, uno de cuyos pilares fue dividir a la sociedad, sembrando odios por doquier. De allí que en parte, una respuesta a la pregunta formulada sea que argentinos votaron, no por los resultados de corto plazo –la economía aún está en camino de recuperarse- sino por la necesidad de cambiar el rumbo del país para el largo plazo y percibir que el gobierno, además de honestidad, mostró gestión.

Además, el hasta entonces cuestionado enfoque gradualista del gobierno –principalmente por razones de sensibilidad social, probó además ser la mejor forma de salida de la crisis y que no existe otro camino que el endeudamiento externo, si de bajar la alta inflación, reducir la pobreza, sanear las cuentas públicas y a la vez de reactivar la economía, se trata.

Lo cierto es que nadie duda ya que los resultados del 10/22 podrán incluso ser mejores aún que los del 8/13 y por tanto Argentina parece poder encaminarse, ahora sí, a un gran momento económico. Dado el optimismo reinante, Macri se ilusiona así con su posible reelección en 2019. Sería un triunfo de políticas vistas por el empresariado internacional como consistentes.

Es de esperar además que después de Octubre, el gobierno tendrá más soporte parlamentario para impulsar importantes reformas legislativas, tal es el caso de leyes de fomento, flexibilización y baja de costos laborales, así como una amplia y más equitativa reforma tributaria. Igualmente tendrá mucho que negociar con la oposición –particularmente el peronismo, el cual se espera más maduro ya desprendido del peso de su ex ala kirchnerista.

Según el gobierno, luego de más de 5 años de recesión, la economía –y la industria en particular- volvieron a crecer sin consumir reservas del Banco Central hacia fines de 2016 y quizás 2017, 2018 y 2019 marquen un crecimiento del GDP de aproximadamente 3%, 3,5% y 4%, respectivamente y sostenidamente a esa tasa a partir de 2019 con marcada inclusión social de los sectores más vulnerables. La inflación en proceso de lenta reducción, se espera que alcance un dígito para ese entonces. El modelo económico, en mejora continua, ha probado que puede funcionar y por eso el gobierno apuesta a relanzarlo.

Ese éxito servirá a muchos inversores (hasta ahora en una suerte de wait and see), particularmente en el sector de colaboración público-privada, a dar el paso al cual no se animaron en 2016 y así contribuir al programa de infraestructura vial, de transporte, habitacional, energético, social, de la salud y educacional más ambicioso que Argentina haya testimoniado en los últimos 100 años.

Sin duda los desafíos son muchísimos, pero las buenas noticias y mejores expectativas también lo son; no solo hablemos por tanto de normalización sino que también, de transformación.