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Presidente Macri: ¿camino allanado para su reelección en 2019?

Por Alberto Navarro, NAVARRO CASTEX Abogados – Buenos Aires

Si la respuesta dependiera de la aún poco sensual economía, costos logísticos, atraso cambiario e inflación que aún dificultan la competitividad productiva y exportadora, y de la prometida lluvia de inversiones que no terminan de concretarse, la respuesta sería cualquiera menos Macri.

Sin embargo, parece que será todo lo contrario y que habrá Mauricio Macri Presidente hasta 2023 y gobiernos de Cambiemos vaya saber hasta cuándo.

Para empezar, porque el votante argentino medio parece percibir los costos del pan y circo populista y las más de siete décadas de gobernantes sin preparación profesional y moral para gestionar lo público. Quizás porque toma conciencia también que no era todo tan fácil ni rápido de arreglar. Y sobre todo porque empieza a apreciar los frutos del paciente ordenamiento de la economía que siguió al estado del estado con que se encontró el entonces inexperimentado gobierno de Cambiemos.

Por su parte, el peronismo más decente y moderno no logra encolumnarse detrás de un candidato que lo unifique y permita ser opción en Octubre de 2019, sus más respetados exponentes teniendo que lidiar con la ex presidenta Kirchner, quien aunque derrotada en las recientes elecciones legislativas, aún conserva un importante caudal electoral, a pesar de enfrentar cargos de inusual corrupción y hasta traición a la patria, esto último por el affaire Irán que culminó con el asesinato de un fiscal de la Nación durante su mandato.

Si se parte además de que el gobierno de Cambiemos ha dado variadas muestras de que gestiona, actúa con transparencia, busca consensos, respeta instituciones republicanas, no mira hacia el pasado con afán de revancha o justificación, busca unir y cerrar la grieta, hace públicas sus prioridades, acabar con la inflación endémica y los déficits crónicos asociados a aquélla, trabaja por reducir la pobreza y sus consecuencias, revaloriza la educación pública, procura transformar este granero del mundo en un gran supermercado -trabajando con todos los sectores y actores productivos, muestra resultados en lo que hace a terminar con la corrupción, las mafias (sobretodo) sindicales y combatir seriamente el narcotráfico, etc. etc., no es extraño entonces que el actual presidente pueda ser reelecto hasta por inercia. Claro que se equivocan, pero no lo niegan; en todo caso, rectifican, algo poco usual.

Como hecho positivo muy constatable de nuestra práctica profesional es que como jamás antes, es posible para un nacional o extranjero solicitar ahora, sin inconvenientes ni dilaciones, una audiencia con funcionarios de rango o cualquier agencia gubernamental, con el propósito de proponer un proyecto de largo plazo o presentarse a una licitación pública o simplemente saber dónde termina un reclamo administrativo o por donde transita un expediente, sin sufrir un pedido de soborno y con la certeza que habrá gestión o competencia transparente. Eso fue siempre demasiado pedir en un país donde los funcionarios se acostumbraron a maltratar a sus administrados y a combatir el capital, como dice la marchita peronista.

Se critica que los cambios son más lentos de lo deseado, pues sin duda todos esperábamos mejores resultados en la economía y en la inversión en 2016 y 2017. Pero también hemos aprendido que el Gradualismo Económico tiene sus tiempos y costos asociados. ¿O acaso existía alguna alternativa? Lo cierto es que aquél viene probando ser la única salida con solo constatar que nada menos que un tercio de la población del país se encontraba a fines de 2015 sumida en la crueldad de la pobreza, a lo que se suma la enormidad de subsidios a casi todo que construyó el Kirchnerismo con fines populistas y que no podrían ser desmantelados de una sin prender fuego el país. Quizás el gobierno hubo de salir a explicar antes los skeletons in the closet que se encontró. Opinable estrategia de comunicación en todo caso.

Se aprecia entonces que políticas de shock habrían generado, además, buenas razones al populismo para justificar su permanente (y cada vez más desesperada) incitación a la violencia golpista a fin de satisfacer a su Pasionaria, lo que, de paso, los obliga a sacarse fotos junto a trotskistas y demás personajes anti sistema para hacer número.

Quizás también habría sido más fácil lograr la ansiada competitividad (como tantos gobiernos anteriores) con una fuerte devaluación al inicio, lo que Cambiemos prefirió no hacer para no sumar más pobreza, y sobre todo sin antes dar solución a los varios déficits pendientes de solución y emparchados hasta ahora con endeudamiento, único camino razonable, pero que también tiene sus costos y críticos. El Gradualismo, como opción, parece entonces que finalmente funcionará a modo de garante de la reelección presidencial.

La comprensión y paciencia todo lo pueden y eso parece haber sido la razón por la cual los votantes dieron un respaldo electoral tan importante al gobierno el pasado mes de Octubre y nada hace pensar que cambiarán de opinión. Son particularmente positivos los sondeos pro gobierno en los sectores más carenciados de la provincia de Buenos Aires –bastión tradicionalmente peronista- donde la joven gobernadora de Cambiemos, María Eugenia Vidal hace estragos con su ejemplo y capacidad ejecutiva.

Como frenos exógenos al desarrollo, cabe mencionar los costos que apareja la gran sequía (el fenómeno de “la niña”) que lleva ya más de un año y que ya habría destruido el 40% de la cosecha gruesa, lo que podrá traducirse en la pérdida de medio punto del proyectado PBI de 2018 y generó una suba de precios de la soja en Chicago. En el frente externo, por sobre todo, las guerras comerciales desatadas en el mundo y que para Argentina se materializan en las recientes trabas impuestas por la administración Trump y sus recientes aranceles al acero y aluminio argentinos, precedidas por similares medidas contra la exportación de biocombustibles.

No obstante todo esto, las expectativas son positivas, en parte por la ya perceptible recuperación de nuestro principal socio y cliente, Brasil, como por el fin de los incrementos tarifarios (factor inflacionario per se) pero indispensables para acomodar el desajuste de precios relativos heredado: Brasil, porque resulta en factor clave para el equilibrio de la balanza comercial; mientras que lo segundo, porque, si bien necesario, resultaba en un factor inflacionario.

La creciente importación de bienes de capital registrada el último año augura también un incremento de exportaciones. Y si bien el sector industrial puso el grito en el cielo por la creciente apertura de importaciones (lejos de ser masivas), lo cierto es que –escaramuzas mediante con el gobierno- esto ha dado lugar a recientes diálogos constructivos, reconociendo el sector industrial más maduro que las diferencias no son de fondo y que ya no va más el vivir con lo nuestro, sobre todo con el fin de proteger a unos pocos.

Por su parte, el mundo financiero internacional -siempre elogioso de este inusitado giro del país, aunque con selectivo optimismo, valora las reformas fiscales encaradas por el gobierno, sobre todo luego de las elecciones de mitad de término, y anticipa que el país crecerá a una tasa anual del 3% en 2018 y 2019, algo lento, pero sostenido.

Pero los analistas también destacan que resulta improbable que la inflación –si bien con tendencia clara a la baja- logre llegar a un dígito para entonces (donde quizás el gobierno peque de excesivamente optimista), atento los desequilibrios pendientes de solución. Aprecia sí la interesante combinación de reactivación económica, manejo de las cuentas públicas y reservas, aunque aún considera al país como no exento de cambios de humor de la inversión externa, lo que condiciona su crecimiento sostenido.

El gobierno apuesta más que nunca al ingreso del país a la OCDE para fines de este año y los beneficios que ello le aparejaría, entre los cuales se destaca que nos acostumbraríamos finalmente a contar con checks & balances propios de democracias más maduras; nada más alejado de la apuesta y rebeldía populista. El reingreso del Fondo Monetario y la reciente misión de revisión de su Artículo IV luego de quince años, fue un buen anticipo de este giro copernicano del país.

Buenos Aires, Marzo de 2018